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Isa García — 9

2:58 58. [Recuerden] cuando les dije: “Entren en esta ciudad [Jerusalén] y coman de ella cuanto deseen en abundancia, pero entren por la puerta prosternándose, suplicando: ¡Perdónanos! Que perdonaré sus pecados, y les concederé aún más a los que hacen el bien”.

2:59 59. Pero los injustos cambiaron por otras las palabras que se les había ordenado decir, y [por eso] hice descender sobre los injustos un castigo del cielo por haber obrado con maldad.

2:60 60. Y [recuerden] cuando Moisés rogó a su Señor agua para que bebiera su pueblo, le dije: “¡Golpea la roca con tu bastón!” Entonces brotaron de ella doce manantiales, y supo cada tribu en cual debía beber [y les dije:] “Coman y beban del sustento de Dios, y no abusen en la Tierra corrompiéndola”.

2:61 61. Y [recuerden] cuando dijeron: “¡Oh, Moisés! No podremos seguir tolerando una sola clase de comida, pide a tu Señor para que nos beneficie con lo que brota de la tierra: verduras, pepinos, ajos, lentejas y cebollas”. [Moisés les] Dijo: “¿Es que quieren cambiar lo superior por algo inferior? Vayan a cualquier ciudad[1], que allí tendrán lo que piden”. Pero los azotó la humillación y la miseria, e incurrieron en la ira de Dios por no haber creído en los preceptos de Dios, haber matado injustamente a los profetas, rebelarse y transgredir la ley.