Isa García — 6
2:30 30. Y [menciona, ¡Oh, Mujámmad!] cuando tu Señor les dijo a los ángeles: “He de establecer en la Tierra a quien la herede”, dijeron: “¿Pondrás en ella a quien la corrompa [devastándola] y derrame sangre, siendo que nosotros Te glorificamos y santificamos?” Dijo: “Yo sé lo que ustedes ignoran”.
2:31 31. [Dios] enseñó a Adán los nombres de todas las cosas, luego se las mostró a los ángeles y dijo: “Díganme sus nombres, si es que dicen la verdad”.
2:32 32. Dijeron: “¡Glorificado seas! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has concedido, Tú todo lo conoces y eres el más Sabio”.
2:33 33. Dijo: “¡Oh Adán! Infórmales sobre sus nombres”. Y cuando les hubo informado sobre sus nombres, Dios dijo: “¿Acaso no les dije que conozco lo oculto de los cielos y de la Tierra, y sé lo que manifiestan y lo que ocultan?”
2:34 34. Pero cuando dije a los ángeles: “¡Prostérnense ante Adán!”[1] Todos se prosternaron excepto Iblís[2], que se negó y fue soberbio, y se convirtió en uno de los incrédulos.
2:35 35. Dije: “¡Oh, Adán! Habita con tu esposa el Paraíso, y coman de su abundancia cuanto deseen, pero no se acerquen a este árbol, porque si lo hacen se convertirán ambos en transgresores”.
2:36 36. Pero el demonio los hizo caer [en la desobediencia] apartándolos de la situación [agradable] en la que se encontraban. Y les dije: “¡Desciendan! Serán enemigos unos de otros; y en la Tierra encontrarán una morada y deleite temporal”.
2:37 37. Pero le fueron inspiradas a Adán unas palabras de su Señor [para que pudiera expresar su arrepentimiento] y Dios aceptó su arrepentimiento, porque Él es el Indulgente, el Misericordioso.