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Isa García — 389

28:29 29. Cuando Moisés hubo cumplido el plazo, partió con su familia por la noche [rumbo a Egipto] y [en el camino] divisó un fuego en la ladera de un monte[1] y le dijo a su familia: “Permanezcan aquí, pues he divisado un fuego y quizás pueda traerles alguna noticia [del camino que debemos seguir], o bien una brasa encendida para que podamos calentarnos”.

28:30 30. Cuando llegó hasta el fuego escuchó un llamado que provenía desde un árbol que se encontraba en la ladera derecha del valle, en el lugar bendecido: “¡Oh, Moisés! Yo soy Dios, el Señor del Universo.

28:31 31. Arroja tu vara”. Y cuando la vio moverse como si fuera una serpiente, se dio vuelta para huir sin mirar atrás. [Le dijo Dios:] “¡Oh, Moisés! Acércate y no temas. Tú eres de los que están a salvo.

28:32 32. Introduce tu mano por el cuello de tu túnica, y saldrá blanca y resplandeciente, sin ningún mal; y aprieta tu brazo junto al pecho para vencer el temor. Éstos son dos milagros de tu Señor para [que vean y crean] el Faraón y su nobleza. Ellos son un pueblo corrupto”.

28:33 33. Dijo [Moisés]: “¡Señor mío! He matado a un hombre de los suyos y temo que me ejecuten.

28:34 34. Mi hermano Aarón es más elocuente que yo, envíalo conmigo para que me ayude y confirme lo que yo diga, pues temo que me desmientan”.

28:35 35. Dijo [Dios]: “Te reforzaré con tu hermano y les daré autoridad. No podrán hacerles daño. Gracias a Mis milagros, ustedes dos y quienes los sigan serán los triunfadores”.