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Isa García — 229

11:63 63. Dijo [Sálih]: “¡Oh, pueblo mío! Piénsenlo bien, ¿acaso no ven que poseo una prueba evidente de mi Señor y que me ha concedido una misericordia[1]? ¿Quién me protegerá de Dios si Lo desobedezco? Lo que me ofrecen no es más que perdición para mí.

11:64 64. ¡Oh, pueblo mío! Esta es la camella de Dios[1], y es para ustedes un signo [del poder divino], déjenla que paste en la tierra de Dios y no le hagan ningún daño, pues de lo contrario los azotará un castigo ineludible”.

11:65 65. Pero la mataron con crueldad, y entonces [Sálih] les dijo: “Disfruten en sus hogares durante tres días [porque luego les llegará el castigo]; esa es una promesa que no dejará de cumplirse”.

11:66 66. Pero cuando llegó lo que había decretado para ellos, salvé de la humillación de aquel día a Sálih y a los que habían creído en él, por misericordia. Tu Señor es el Fortísimo, el Poderoso.

11:67 67. Y el estrépito sorprendió a los injustos, que amanecieron muertos en sus casas

11:68 68. como si nunca hubieran habitado en ellas. Ciertamente los habitantes de Zamud negaron a su Señor. Por ello el pueblo de Zamud quedó fuera de la misericordia.

11:69 69. Mis [ángeles] enviados se presentaron ante Abraham para darle una albricia[1]. Dijeron: “¡La paz sea contigo!” Respondió [Abraham]: “¡Y con ustedes!” Y no tardó en traerles un ternero asado.

11:70 70. Pero cuando observó que sus manos no lo tocaban [al ternero] sospechó de ellos[1] y sintió temor, entonces le dijeron: “No temas, nosotros fuimos enviados al pueblo de Lot”.

11:71 71. Su mujer[1], que estaba de pie, se sonrió [sorprendida por la noticia], y le albricié con Isaac y que Isaac tendría como hijo a Jacob.