Isa García — 218
10:79 79. El Faraón dijo: “Convoquen ante mí a todo hechicero experto”.
10:80 80. Cuando se presentaron los magos, Moisés les dijo: “Arrojen lo que tengan que arrojar”.
10:81 81. Y cuando arrojaron [sus varas, poniendo un hechizo en los ojos de la gente], Moisés dijo: “Lo que hacen es hechicería y Dios la va a anular. Dios no permite que prosperen las obras de los que siembran la corrupción.
10:82 82. Dios confirma la verdad con Sus palabras, aunque eso disguste a los pecadores”.
10:83 83. No creyeron en Moisés sino unos pocos de su pueblo que temían que el Faraón y su nobleza los persiguieran. El Faraón era un tirano arrogante y transgresor en su propia tierra.
10:84 84. Dijo Moisés: “¡Oh, pueblo mío! Si creen, encomiéndense a Dios, si es que realmente se han entregado a Él”.
10:85 85. Dijeron: “En Dios nos encomendamos, ¡Señor nuestro! No permitas que nos domine este pueblo opresor.
10:86 86. Y por Tu misericordia, sálvanos de la gente que rechaza el mensaje”.
10:87 87. Le inspiré a Moisés y a su hermano: “Reserven algunas casas en la ciudad para su pueblo. Conviertan sus casas en lugares de culto, y sean constantes en la oración. [Oh, Moisés]: Albricia [con el auxilio de Dios] a todos los creyentes”.
10:88 88. Dijo Moisés: “¡Señor nuestro! Has concedido al Faraón y su nobleza suntuosidad y riqueza en la vida mundanal. ¡Señor nuestro! Eso ha hecho que se extravíen y desvíen a la gente de Tu camino. ¡Señor nuestro! Devasta sus riquezas y endurece sus corazones, porque no creerán hasta que vean el castigo doloroso”.