>

Isa García — 16

2:102 102. Pero sí seguían lo que recitaban los demonios durante el reinado de Salomón. Sepan que Salomón no cayó en la incredulidad[1], sino que fueron los demonios quienes enseñaron a la gente la hechicería y la magia que transmitieron los ángeles Harút y Marút en Babilonia. Ellos no le enseñaban a nadie sin antes advertirle: “Nosotros somos una prueba, no caigan en la incredulidad”. A pesar de la advertencia, aprendieron de ellos cómo separar a una persona de su pareja, aunque no podían perjudicar a nadie sin el permiso de Dios. Lo que aprendían los perjudicaba y no los beneficiaba. Pero los hijos de Israel sabían que quien practicara la hechicería no tendría éxito en la otra vida. ¡Qué mal vendieron sus almas! Si supieran.

2:103 103. Si hubieran creído y temido devocionalmente a Dios, la recompensa de Dios hubiera sido [muy] superior, ¡si supieran!

2:104 104. ¡Oh, creyentes! No digan [al Mensajero de Dios]: “Rá‘ina”, sino [que digan]: “Undhurna”[1], y obedezcan [lo revelado]. Los que rechacen el mensaje recibirán un castigo doloroso.

2:105 105. Los incrédulos de entre la Gente del Libro, y los idólatras, no desean que el Señor agracie a los creyentes con ninguna bondad, pero Dios distingue con Su misericordia a quien Él quiere, porque Dios es el poseedor del favor inmenso.