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Isa García — 318

20:88 88. y fundió las joyas dándoles la forma de un becerro que emitía un sonido como un mugido[1], y entonces exclamaron: ‘Esta es nuestra divinidad y la de Moisés, pero Moisés la ha olvidado’”.

20:89 89. ¿Acaso no vieron que no podía hablarles, y no podía dañarlos ni beneficiarlos?

20:90 90. Pero antes [que regresara Moisés] Aarón les había advertido: “¡Oh, pueblo mío! Se los está poniendo a prueba con eso. Su verdadero Señor es el Compasivo, síganme y obedezcan mis órdenes”[1].

20:91 91. Respondieron: “No dejaremos de postrarnos ante él hasta que vuelva Moisés”.

20:92 92. Dijo [Moisés]: “¡Oh, Aarón! ¿Qué te impidió, cuando viste que se desviaban,

20:93 93. buscarme [para informarme lo sucedido]? ¿Es que desobedeciste mi orden [de velar por ellos]?”

20:94 94. Dijo [Aarón]: “¡Oh, hermano mío! No me recrimines agarrándome por la barba y la cabeza. Tuve miedo de que [si los dejaba para salir a buscarte] me dijeras: ‘Lo que has hecho es causar la discordia y la división entre los Hijos de Israel [al haberte ausentado], y no has cumplido con lo que te ordené’”.

20:95 95. Dijo [Moisés]: “Y tú, Samirí, ¿qué has hecho?”

20:96 96. Dijo: “Vi algo que ellos no pudieron ver. Entonces tomé un puñado de tierra de las huellas que dejó el mensajero[1] y lo arrojé [sobre las joyas cuando se fundían]. Así me lo sugirió mi alma”.

20:97 97. Dijo [Moisés]: “Aléjate de nosotros; tu castigo en esta vida será que digas: ‘No se me acerquen’ [y vivirás solo], pero te aguarda una cita ineludible [el Día del Juicio]. Observa [lo que haremos con] lo que consideraste tu divinidad, y a lo cual has adorado: Lo quemaremos y esparciremos sus restos en el mar.

20:98 98. Tu única divinidad es Dios. No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él, y todo lo abarca con Su conocimiento”.